Carácter: independiente, impulsivo, trabajador, egocéntrico, encantador, impredecible.
A primera vista, parece que esta persona es un motor eterno con una confianza innata. El Caballo entra en la habitación y el espacio a su alrededor comienza a vibrar. Se ríe en voz alta, gesticula activamente y rápidamente entabla nuevas amistades. Pero detrás de esta fachada de "chico agradable" a menudo se oculta una profunda, incluso dolorosa, ansiedad. Dentro del Caballo vive un pequeño panicado que teme locamente no ser apreciado, ser ignorado o que intenten encadenarlo. Es un páradoja: cuanto más fuerte se muestra y posa, más necesita la confirmación de su importancia desde el exterior.
En la comunicación, el Caballo recuerda a una corriente de aire: refrescante, pero si te quedas en su camino demasiado tiempo, puedes acabar helado. Sabe escuchar justo hasta que le interesa, o hasta que se habla de ella misma. Si comienzas a quejarte mucho de la vida, te interrumpirá con un "y yo qué" o encontrará un asunto urgente y se escapará. En las relaciones, esta persona arde como la maleza: la pasión es instantánea, las promesas grandiosas, el deseo de conquistar el mundo por el bien de su pareja — aquí y ahora. Pero basta con que le pidas estabilidad, empieces a controlar la agenda o simplemente te vuelvas aburrido, el Caballo pierde el interés al instante y comienza a patalear, defendiendo su sagrada libertad.
Con el trabajo y las ambiciones, tiene una conversación breve: veo el objetivo, no veo obstáculos, aplasto a la competencia. El Caballo es capaz de arar un enorme campo de tareas en un día, mientras que los demás apenas se mueven. Le gustan el dinero, pero el dinero no se queda con él: se gasta en experiencias, imagen y espontáneos "quiero". No es un estratega que pasa años sentado sobre un mapa, sino un táctico que avanza con ímpetu y velocidad. Le importa no solo ganar dinero, sino hacerlo de manera espectacular, para que todos se queden asombrados por su productividad.
La principal trampa interna es el egocentrismo infantil, mezclado con un temperamento ardiente. El Caballo a menudo habla y luego piensa, y se sorprende sinceramente de por qué la gente se ofende por su "franqueza". No sabe reconocer sus errores, prefiriendo hacer como si nada hubiera pasado, o culpar a las circunstancias. Su estado de ánimo cambia más rápido que las cotizaciones de la bolsa: ahora está lista para salvar el mundo y dar su última camisa, pero en un minuto cae en la furia por una tontería o por una palabra dicha en el momento equivocado.
La fuerza de este signo radica en su fenomenal resistencia y en su capacidad de levantarse después de cualquier caída con una sonrisa en el rostro. Para desarrollarse completamente, solo necesita aprender a tener paciencia y dejar de tomar cualquier consejo como un intento de limitar su independencia personal.
Es más compatible con el Tigre, la Cabra y el Perro.
Una persona-fogata que calentará a aquellos que no intenten retenerlo y quemará a cualquiera que se atreva a ponerle un freno.